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¿Puedo conducir un vehículo si tengo depresión?

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Actualizado el 21-01-2020

Conducción y depresión no son siempre compatibles, y dependiendo de los fármacos que te prescriban estará totalmente desaconsejado. Conoce a continuación los mejores consejos de los expertos para conducir con estrés o depresión y como minimizar el riesgo.

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La depresión es una trastorno psicológico que afecta al 10% de los conductores en España y que, si no se trata a tiempo puede llegar a convertirse en crónico. Aquellos conductores que padezcan depresión sentirán una agobiante imposibilidad de conducir de la misma forma que otro conductor que no esté enfermo, así como tampoco serán capaces de cumplir con sus tareas habituales como lo haría de manera normal.

Entre otros síntomas los conductores que sufren depresión presentan un estado de ánimo irascible con altos periodos de inactividad e insatisfacción en tareas que antes nos producían placer, así como una alteración del sueño y del apetito.

La disminución de la concentración así como sentirnos habitualmente cansados y faltos de energía, afectará negativamente a la calidad de nuestra conducción, estando altamente desaconsejado conducir un vehículo en ese estado.


¿Puedo conducir si tengo depresión?

La depresión es una enfermedad que disminuye la capacidad de concentración del conductor y hace que sus movimientos sean más lentos, especialmente si toman de manera habitual medicación para combatirla.

Es por ello que, pese a que sí es posible conducir con depresión, siempre deberemos seguir las indicaciones de nuestro médico, respecto del tratamiento que estemos siguiendo. La DGT también recomienda no ponerse al volante, ya que los fármacos antidepresivos producen efectos adversos en la conducción del afectado.


Cómo disminuir el riesgo de accidente si sufro depresión

El enfermo de depresión que quiera ponerse al volante siempre deberá tener la aprobación de su médico para ello. Se comprobará que los antidepresivos que tome sean compatibles con una acción que requiere de tanta atención, concentración y reflejos.

Se deberá llevar una vida lo más saludable posible: deporte, horarios y alimentación sana ayudarán a una más rápida curación.

Los fármacos antidepresivos prescritos para este tipo de enfermedades comienzan a hacer efecto por lo general a las tres semanas desde la primera ingesta. Se deberá tener paciencia y si los efectos no aparecen pasadas 8 semanas tras la prescripción visitaremos a nuestro facultativo.

Evaluaremos antes de volver a ponernos al volante nuestros reflejos, capacidad de anticipación y reacción así como nuestro grado de concentración.



Consejos para un conductor que sufre depresión

Deberemos visitar a nuestro facultativo al menos una vez cada 15 días para que regule nuestra dosis de medicación y evalúe nuestra capacidad de conducción, ya que será la persona indicada para decidir si estamos en plenas facultades mentales como para llevar a cabo la tarea de conducir.

Se deberá seguir a raja tabla el tratamiento que el médico nos haya recetado y en ningún caso dejarlo o modificar las dosis a nuestro antojo sin consultar. Pese a que nos encontremos bien anímicamente y la medicación esté funcionando, solo el médico estará autorizado para permitirnos conducir o no.

El conductor con depresión deberá siempre conocer el nivel de toxicidad y los posibles efectos adversos de los medicamentos que toma y con los que se puede encontrar tanto mientras conduce como cuando no lo haga.

La depresión se dará con más frecuencia en personas de más de 64 años según estudios recientes, y en mayor proporción en mujeres que en hombres. Es por ello que se deberá controlar con asiduidad el nivel de ánimo y los reflejos de este sector de la población.


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