6. Conducción, económica y circunstancias del medio ambiente

El conductor de un vehículo puede ahorrar energía haciendo un uso eficiente del mismo y realizando un mantenimiento adecuado.
El consumo de carburante depende de varios factores como el tipo de carburante, las condiciones de la vía o las condiciones meteorológicas.

Cuando adquirimos un vehículo se debe poner especial atención al consumo que éste realiza.
El consumo de carburante se expresa en litros por cada 100 kilómetros (l/100 km). Tradicionalmente se han utilizado tres indicadores: consumo urbano, consumo en carretera y consumo combinado o ponderado entre ambos.
En los turismos nuevos, los valores homologados se obtienen mediante el procedimiento WLTP, que distingue fases de velocidad baja, media, alta y extraalta, además del consumo combinado. Estos datos permiten comparar vehículos, pero el consumo real puede variar según el recorrido, la carga, la climatización y la forma de conducir.
En los vehículos eléctricos también debe valorarse el consumo de energía, habitualmente expresado en kWh por cada 100 kilómetros, y la autonomía. En los híbridos enchufables conviene comprobar tanto el consumo de combustible como el eléctrico y las condiciones en que se han medido.
La velocidad media de un vehículo se calcula dividiendo el espacio recorrido por el tiempo utilizado para recorrer dicho espacio.
Por su parte la velocidad instantánea mide la velocidad de un momento concreto y la marca el indicador de velocidad del vehículo.
1. Consumo de carburante

A mayor velocidad aumenta el riesgo de accidente y la gravedad de sus consecuencias, así como las distancias de reacción y de frenado. También aumenta la necesidad de anticipación y la atención necesaria al volante.
Asimismo, circular a velocidades elevadas aumenta, en general, el consumo de carburante y el desgaste de los neumáticos. El consumo no depende únicamente de la velocidad instantánea: también influyen la marcha utilizada, las revoluciones del motor y la aceleración.
La disminución de la velocidad punta en los trayectos y el correcto uso de las marchas del vehículo nos permite ahorrar combustible.
Otros factores que influyen negativamente en el consumo de carburante son el circular por ciudad, el viento en contra o las subidas que aumentan la resistencia al avance del vehículo o dar acelerones y frenazos bruscos.

En los vehículos de combustión convencionales, circular por ciudad suele consumir más carburante que en carretera a una velocidad moderada y constante, porque aumenta el tiempo en que el motor funciona a ralentí y se consume combustible sin desplazar el vehículo. Esta comparación no se aplica de la misma manera a los vehículos híbridos y eléctricos.
También aumentan las arrancadas y frenazos así como la utilización de marchas cortas lo que propicia este mayor gasto.
Es por ello que en detenciones prolongadas es conveniente apagar el motor cuando pueda hacerse con seguridad y conforme a las instrucciones del fabricante. Si el vehículo dispone de un sistema automático de parada y arranque, este gestiona el apagado y el encendido cuando se cumplen sus condiciones de funcionamiento.
2. La forma de conducir

La forma de conducir de cada conductor influye en que el consumo de carburante aumente o disminuya.
La conducción económica lleva a aprovechar mejor la inercia del vehículo, mientras que la conducción agresiva a gran velocidad y realizando recurrentes paradas es anti-económica.
Las técnicas para realizar una conducción económica y beneficiar al medio ambiente son las siguientes. Son recomendaciones que deben adaptarse al vehículo, a las indicaciones del fabricante y a la situación del tráfico; la seguridad tiene siempre prioridad.
- Arrancar el motor sin pisar el acelerador
- Usar la primera marcha solo para el inicio del recorrido, cambiando a segunda a los 2 segundos o 6 metros aproximadamente, si las condiciones lo permiten, ya que prolongar innecesariamente su uso aumenta el consumo. En una pendiente, con mucha carga o en una maniobra puede ser necesario mantenerla más tiempo.
- Realizar el cambio de marchas, como orientación para motores convencionales, entre las 2.000 y las 2.500 RPM en los de gasolina y entre las 1.500 y las 2.000 RPM en los diésel. También se utilizan como referencias aproximadas la 3ª marcha a partir de 30 km/h, la cuarta a partir de 40 km/h y la quinta a partir de 50 km/h. Estos valores no son obligatorios ni adecuados para todos los vehículos: deben adaptarse al motor, la pendiente, la carga y las indicaciones del fabricante o del indicador de cambio de marcha.
- Realización de aceleraciones en la progresión de marchas, acelerando de forma progresiva tras cambiar de marcha y evitando los acelerones innecesarios.
- Utilización de marchas largas: Circular el máximo tiempo posible en las marchas largas y a bajas revoluciones, siempre que el motor responda con normalidad, sin tirones ni vibraciones. Si hace falta más fuerza o retención, debe seleccionarse una marcha adecuada.
- Velocidad de circulación, que debe ser lo más uniforme posible para evitar frenazos y aceleraciones innecesarios, respetando los límites y adaptándola a las circunstancias de la vía y del tráfico.
- Deceleraciones: Es recomendable levantar el pie del pedal acelerador y dejar rodar el vehículo por inercia con una marcha engranada, frenando suavemente cuando sea necesario. Antes de una curva hay que adaptar la velocidad y seleccionar la marcha adecuada con antelación.
- Detenciones: Se debe detener el vehículo utilizando el freno de servicio y, siempre que la velocidad y el espacio lo permitan, sin reducir previamente la marcha. En los vehículos manuales se pisa el embrague al final para evitar que el motor se cale.
- Inmovilizaciones: Si se prevé que una inmovilización va a superar los 60 segundos, es recomendable apagar el motor si puede hacerse con seguridad y conforme a las instrucciones del fabricante. Esta referencia es un consejo de ahorro; deben respetarse además las obligaciones específicas de apagado y las normas locales aplicables.
La anticipación y la distancia de seguridad permiten detectar retenciones, semáforos y otros obstáculos con tiempo, levantar antes el pie del acelerador y evitar aceleraciones y frenadas innecesarias.
No se debe bajar una pendiente en punto muerto, con el embrague pisado de forma continua ni apagando manualmente el motor para ahorrar. Es necesario conservar la retención y el control del vehículo. En los descensos prolongados se elegirá una marcha que ayude a controlar la velocidad sin abusar del freno de servicio.
Durante el repostaje es obligatorio mantener el motor parado. Si una detención en un túnel u otro lugar cerrado supera los dos minutos, debe interrumpirse el funcionamiento del motor hasta poder continuar, manteniendo encendido el alumbrado de posición.
2.1 Vehículos híbridos y eléctricos
La aceleración suave y la anticipación también reducen el consumo de energía en los vehículos híbridos y eléctricos. La frenada regenerativa permite recuperar parte de la energía al reducir la velocidad, según el sistema y el estado de carga de la batería.
La recuperación de energía tiene límites y no sustituye al freno de servicio cuando sea necesario. Deben seguirse las instrucciones del fabricante sobre los modos de conducción y de regeneración, y no aplicarse automáticamente las referencias de marchas y revoluciones de un vehículo manual convencional.
3. El mantenimiento del vehículo
Todos podemos ganar en seguridad y combustible con un motor y un vehículo mantenidos correctamente.

Las principales tareas de mantenimiento que ayudan a evitar un aumento del consumo de carburante son las siguientes:
- Puesta a punto para evitar que el motor mal ajustado pueda aumentar su consumo
- Presión de los neumáticos: Una baja presión en las ruedas propicia un gasto extra ya que aumenta la resistencia a la rodadura. Debe comprobarse en frío y ajustarse a los valores indicados por el fabricante para la carga prevista. No debe aumentarse por encima de lo recomendado con la intención de ahorrar.
- Control de los niveles de aceite y líquido de refrigeración para la conservación del motor en buenas condiciones, ya que la pérdida de fluido refrigerante puede producir un sobrecalentamiento del mismo.
- Lubricante: El cambio de aceite y de filtro de aceite deben realizarse siguiendo las indicaciones del fabricante, utilizando el lubricante con las especificaciones adecuadas.
- Encendido: En los motores de encendido por chispa, un sistema de encendido en mal estado puede incrementar el consumo de carburante, por lo que debemos vigilar que las bujías estén en buen estado y que el motor funcione correctamente al ralentí. El aumento del consumo depende de la avería y del vehículo. El ralentí debe mantenerse en el régimen establecido por el fabricante; en los motores modernos lo gestiona la electrónica.
4. Aspectos relacionados con la marcha
La potencia que se le exige al motor de un vehículo para que vaya a una velocidad constante se utiliza para vencer la resistencia aerodinámica y a la rodadura, así como las pérdidas de la transmisión. En una subida también debe vencer el efecto de la pendiente.
4.1 La aerodinámica

La aerodinámica de un vehículo está determinada por su forma exterior y cualquier cambio en ésta afectará al consumo de carburante.
Bajar demasiado los cristales de las ventanillas aumenta, especialmente a velocidades elevadas, la resistencia y el consumo, así como llevar carga en la baca o tenerla puesta sin carga, ya que se le exige un mayor esfuerzo al vehículo.
Es por ello que cargar excesivamente el vehículo aumenta el consumo de carburante del vehículo y por ello la carga deberá ir bien distribuida, repartida y sujeta, sin superar las masas autorizadas. Conviene retirar la carga innecesaria y desmontar la baca o el cofre de techo cuando no se utilicen.
La climatización también consume energía. Debe utilizarse de forma razonable, manteniendo una temperatura confortable y garantizando siempre el desempañado y la visibilidad.
5. Contaminación del medio ambiente
El motor de combustión de los vehículos genera productos nocivos que se vierten en el entorno y contribuyen a la contaminación atmosférica. Reducir el consumo y mantener el vehículo en buen estado ayuda a disminuir estas emisiones.

El efecto que causan estas emisiones es más perceptible en los núcleos urbanos debido a la gran concentración de vehículos en poco espacio.
Entre las emisiones de los vehículos de combustión se encuentran el monóxido de carbono, debido a una combustión incompleta, los hidrocarburos, el dióxido de carbono, los óxidos de nitrógeno y las partículas, entre otras.
El dióxido de carbono (CO2) contribuye al efecto invernadero. El monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno, los hidrocarburos y las partículas pueden perjudicar la salud y la calidad del aire. Un vehículo eléctrico de batería no produce gases de escape durante su circulación, pero su uso también requiere energía.
Es por ello que debemos realizar un buen mantenimiento del motor y de los sistemas de control de emisiones, como el catalizador y, cuando exista, el filtro de partículas, para no superar las emisiones permitidas. Deben utilizarse los combustibles y lubricantes indicados por el fabricante y atender los avisos de avería.
No deben eliminarse ni anularse los dispositivos de control de emisiones. El vehículo debe conservar las condiciones reglamentarias para circular y superar la inspección técnica correspondiente.

Por lo que se refiere al ruido que los vehículos realizan, éste depende de dos factores: técnicos, relacionados con la ingeniería del vehículo y operativos, relacionados con la manera de conducirlo.
Para evitar los ruidos excesivos debe mantenerse en buen estado el sistema de escape y su silenciador. Está prohibido circular con el escape libre, tanto en vías urbanas como interurbanas, o con un silenciador incompleto, inadecuado o deteriorado.
También está prohibido el uso excesivo e inmotivado del claxon. En los vehículos no prioritarios solo puede utilizarse en los supuestos permitidos: para evitar un posible accidente, para advertir fuera de poblado la intención de adelantar o para anunciar un servicio urgente en las condiciones reglamentarias.

Para evitar la contaminación debemos tener en cuenta ciertos comportamientos que están prohibidos en la circulación:
- Arrojar objetos a la vía o a sus inmediaciones que puedan provocar un incendio o comprometer la seguridad del resto de usuarios, como colillas encendidas.
- Emitir gases y ruidos por encima de los límites establecidos.
- Derramar aceite sobre la vía pública al cambiarlo por uno nuevo, o verter aceites usados en el suelo, el agua o el alcantarillado.
- Lavar el coche en la calle cuando lo prohíba la ordenanza municipal o cuando se produzcan vertidos, obstáculos o peligros contrarios a la normativa. Es recomendable utilizar instalaciones habilitadas que recojan y traten el agua de lavado.
Los aceites usados deben entregarse a un gestor autorizado o a un sistema de recogida habilitado. Los neumáticos, baterías y demás residuos del mantenimiento también deben gestionarse mediante los canales previstos para cada residuo, sin abandonarlos ni mezclarlos con residuos domésticos cuando requieran recogida separada.
Los conductores están obligados a colaborar en las pruebas de comprobación de emisiones y ruido. El vehículo puede ser inmovilizado si supera los niveles de gases, humos o ruidos permitidos.
5.1 Zonas de bajas emisiones y restricciones ambientales
Las zonas de bajas emisiones (ZBE) son ámbitos delimitados donde se aplican medidas para mejorar la calidad del aire y reducir las emisiones. Pueden establecer restricciones de acceso, circulación y estacionamiento según la clasificación ambiental del vehículo.
Antes de entrar debe comprobarse la señalización y la normativa de la zona: vehículos autorizados, horarios, excepciones y posibles requisitos de registro. Las condiciones no son iguales en todos los municipios.
Los distintivos ambientales de la DGT corresponden a las categorías 0 emisiones, ECO, C y B; la categoría A no tiene distintivo. Disponer de una etiqueta no autoriza por sí solo a entrar en cualquier ZBE ni a incumplir otras restricciones. La obligación de exhibirla puede establecerla la Administración competente.
También deben respetarse las restricciones temporales que se adopten por episodios de contaminación. Incumplir las restricciones de circulación derivadas de los protocolos de contaminación o de las ZBE constituye una infracción grave.
Para reducir el impacto ambiental conviene planificar los desplazamientos, evitar recorridos innecesarios y valorar caminar, utilizar la bicicleta o el transporte público y compartir vehículo cuando sea posible.